Mejor hablemos de gestión de políticas públicas

La gestión de políticas públicas en materia de cultura debe circular por los caminos propuestos por por Malraux en Francia en los 60 -como hemos comentado en el articulo (indi)Gestión Cultural-, en lugar de lo que España implantó en sus colonias en los 90 y que se han popularizado en este nuevo milenio. Por cierto esas directrices que Malraux no pudo concluir fueron retomadas y actualizadas por Gilberto Gil en Brasil o Susana Baca en Perú.

En principio los organismos del Estado, deben bajar a cada una de sus ramas las directrices que ha marcado al ideario de cultura que marca como directriz el Ministerio de Cultura de la Nación, pero también tienen la enorme tarea de pensar actividades culturales que, estratégicamente, propongan la circulación y tiendan a la creación de bienes culturales; como también la protección, sistematización y recolección del acervo cultural. Entender a la cultura no sólo en cuanto producción circulante, sino también en materia de formación y de resguardo, permitirá el afianzamiento de las culturas locales, pero también de su extensión por una nueva producción por surgir. Las políticas culturales deben atravesar transversalmente a las diversas áreas del estado, ya que cultura no es sólo un cuadro o una canción, sino toda producción humana tendiente al entendimiento y fortalecimiento de lazos sociales.

Pensar que estamos hoy haciendo el folklóre del futuro, nos ayudará a pensar estratégicamente actividades de archivo y recolección de elementos culturales de este tiempo. Debemos ver al folklóre, no como algo estático, sino como algo en continuo desarrollo y crecimiento.

Se debe entender la cultura a la par de la educación y de la comunicación. Se ha avanzado mucho en los sistemas de circulación de obras y productos culturales, y se deben profundizar las herramientas que permitan el incentivo a la creación y a la producción de productos culturales.

Para poder aplicar estrategias efectivas de administración de políticas públicas, debemos entender la comunidad en la cual estamos insertos, sus necesidades y búsquedas; como también su producción. El Estado debe discutir y debatir con los ciudadanos, entender esos procesos y proponer directrices que tengan que se desprendan de este ejercicio. Además de llevar un escenario a un barrio debe proponer y promover leyes y políticas. Si sólo pensamos que la cultura es mercado, vamos a terminar comprando aire.

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