marianoNERD: arte, política y monstruos en tiempos de cambios

Hace poco más de 12 años Mariano Garnero cursaba algunas materias en la, por entonces, Escuela de Ciencias de la Información. Mariano nació en San Francisco y ya hacia algunos laburos de diseño gráfico. Lo que hacía era muy bueno de verdad y para bancarse la vida tenía un trabajo realmente bizarro: editaba y retocaba fotos que después formarían parte de una web porno. Era laburo, sólo eso. Mientras tanto soñaba con pintar el mundo con sus colores, con sus ideas. Y vaya si tenía ideas esa cabeza. En 2008 se fue a Capital Federal y allí de a poquito fue conquistando galerías, paredes y sus creaciones comenzaron a generar una reputación en el mundo del arte. Mariano Garnero pasaba a llamarse a si mismo marianoNERD. Piensa en volver a Córdoba, más precisamente a Villa María y por eso aprovechamos para saber en qué anda.

marianonerdddddCultura Canibal: Naciste en San Francisco, estudiaste en Córdoba y en 2008 te fuiste a Buenos Aires. ¿Por qué decidiste irte para allá?
marianoNERD: Buenos Aires es una ciudad seductora para cualquiera que trabaje o quiera trabajar en el ámbito de la cultura. Los museos, galerías, recitales, teatros y cines más importantes del país se concentran en su mayoría en Capital Federal, al igual que los centros de estudios, y la gente de la cual podés aprender también. Todo eso de alguna forma influenció en mi decisión. También es una ciudad que te exige y te obliga a esforzarte más, donde es posible crecer y tenés más oportunidades que en Córdoba, o cualquier otra ciudad importante del interior.

C.C.: ¿Se puede vivir del arte?
M.N.: Creo que sí, aunque creo que hay que ceder ciertas libertades que no estuve dispuesto a ceder en ese campo, y que sí lo hice con el diseño quizás, por lo cual vivo de eso y no del arte. Se puede pero no es mi caso.

C.C.: ¿Cómo entendés el cruce entre arte y politica? ¿Existe arte sin política?
M.N.: No creo que exista nada sin política. Es una idea entre inocente y siniestra lo de separar arte de política. Es inocente desde el punto de vista de los desinformados que creen que es posible y siniestra desde el lado de los que opresores que manejan el poder de los medios de comunicación para hacerles creer a esos inocentes que es posible una vida sin política. El arte, por ser parte de la vida, está atravesado por la política. Incluso el más insulso street art decorativo, que solo consiste en formas abstractas y colores sin ningún sentido más que el placer visual, eso también habla de una concepción política: la de mirar para otro lado y no hacerse cargo del rol del artista callejero, que es ser la voz del pueblo, de los que no tienen más voz que las paredes. Esa decisión está tan cargada de política como el del que elige dedicar un mural a los desocupados, por ejemplo.

C.C.: En tu obra hay mucho de estética post-punk y hardcore, pero me imagino que la busqueda del estilo se fue dando con el tiempo, ¿Cómo fue esa música?
M.N.: Creo que la música es otra de mis pasiones, incluso me cuesta separarla de lo plástico. En una época me gustaba poner jazz y dejar que mi mano recorriera la hoja siguiendo el ritmo, dejando unos laberintos garabateados que me gustaban mucho como resultado. Con el tiempo fui metiéndome más con la ilustración figurativa y eso me llevó hacia esa estética que nombrás, por una cuestión de gusto personal, y porque se relaciona con la estética de lo marginal, de lo rechazado por la sociedad formal, también de las culturas juveniles, que siempre son las que le traen nuevos aires al mundo. El rol de la música es central.

C.C.: Hay mucho monstruo y deformidad en tu obra, ¿Por qué?
M.N.: Creo que el monstruo es una forma de la sociedad de catalogar lo que no entiende, lo que no cumple con sus expectativas. Una entidad ambigua que no pueden definir y por ende les provoca inquietud y rechazo, miedo a lo nuevo. Justamente el rol del artista, como yo lo concibo, consiste en cuestionar esas estructuras quietas, ese status quo, porque el arte tiene que ser la punta de lanza del conocimiento y apertura mental respecto a lo que no es como uno, con el fin de generar un mundo más amplio, más tolerante. También me gusta ver la cara de espanto de esas mirthas legrands en que se convierten las personas conservadoras ante esas deformidades que no logran comprender, jaja. O sea, un poco porque creo que hay que abrir la mente, otro poco para molestar.

C.C.: ¿Qué es más motivador laburo en taller, la compu o la intervención callejera?
M.N.: Creo que lo motivador es más el fin que el medio. Depende para que y quiénes se trabaje es de donde obtengo mi motivación, el medio es la herramienta que utilizás, cualquiera de los tres me apasiona por igual.

C.C.: ¿Cómo fue tu 2016 y cómo viene tu 2017?
M.N.: Creo que fueron años de cambio y ajuste en mi percepción tanto artística como personal. Un proceso de transición que creo que todavía no culmina y probablemente se extienda a 2017 o hasta 2018. En 2015 tuve la chance de viajar a New York, una ciudad de donde proviene mucho de lo que admiro del arte, Keith Haring, Basquiat, Warhol, The Ramones. Tuve el placer de parar a cuadras del ex CBGB´s, cerca del taller de Haring y la tienda de Patricia Highsmith, ver todo eso con mis propios ojos cambió mucho mi forma de ver el arte, y también a Buenos Aires. Eso sumado a la victoria del Macrismo en las elecciones me hizo reflexionar mucho acerca de mi rol en la sociedad como artista, cosa que en 2016 transité y tuve la oportunidad de participar como voluntario en un taller de apoyo escolar de la Villa 31, donde el proceso se cristalizó con la pintada de un muro en memoria de un pibe que falleció a causa de la precariedad que la falta de urbanización de la villa provoca, y por otro lado en la producción de un zine que se llama 2017, -el fanzine se presentó el sábado 10 de diciembre en un evento que se llama Cooperativa Demo Gracia-. (https://web.facebook.com/events/1075116955944621/). Todo eso me hizo reconsiderar tanto mi rol como artista, como mi rol como persona en este mundo. De hecho eso está decantando en la decisión de seguir mi camino y dejar la ciudad entre 2017 y 18, para volver a la provincia de Córdoba, esta vez a la ciudad de Villa María, donde tengo la chance de realmente dedicar todo mi tiempo al arte, esta vez en el ámbito del tatuaje, ya que mi pareja (y futura madre de mi hijo, que nacerá en marzo 2017) está bastante establecida profesionalmente en esa ciudad y creo que ya llegó la hora para mí de dejar la oficina de diseño y el horario fijo del empleado, para explorar un mundo mucho más libre, que también implica alejarse de las presiones y obligaciones que genera una ciudad capital como la hermosa y satánica Buenos Aires.