La teta indiscreta

Las mujeres nunca terminamos de entender la fascinación de los hombres por las tetas. Está bien, son lindas. Está bien, nos proporcionan placer. A nosotras.

Mirarnos frente al espejo con un escote nos hace vibrar, las que tenemos un busto poco prominente la primera vez que ellas se encuentran es casi un festejo, a las que tenemos mucho, nos pesa, juntamos plata para sacarnos un poco del suplicio que nos provoca dolores de espalda y la incómoda sensación de tipos y minas que se ven impedidos de mirarnos a los ojos.

Pero nunca se nos ocurrió la palabra “obsceno” son lindas, grandes, chicas, festivas y de bajón, dan vida, hay campañas enormes respecto a la lactancia y sin embargo veo en un video un gordo tetón, con pelos alrededor de sus pezones gritar “¡esto es exhibicionismo! te tenes que ir!” y como siempre gracias al cielo y a mi educación, cuando veo esta reacción, las tetas se me llenan de preguntas:

¿Por qué los tipos andan en tetas y no es obsceno?, (flaco tienen pelos) ¿por qué nuestras tetas molestan si nosotras somos el estándar de belleza, no ustedes?, en la playa o dando de comer a la hija o hijo, ¿por qué nos combaten?, ¿por qué pensás que no tengo derecho a circular sin un “sostén”? ¿para que ellas tampoco sean desacatadas?, ¿para que ellas sean tan sumisas como nosotras, como tu sociedad patriarcal dice, enfundadas en traje sastre y largo chanel?

Te molesta tu libido, pero es tuya, no es mía, yo quiero que mis tetas tomen sol. Solo eso.

Claro, te molesta que esas tetas al viento vengan con un envase que decida expresar lo que piensa, que tenga voz, que elija dejar mis tetas al aire. La querida Melanie Klein, te mandaría a resolver aquello tan lejano del “pecho bueno y pecho malo”... ¿es muy profundo? bueno, bancate ese trauma, reclamále a mami, pero no me jodas en la playa, ni en la plaza, ni en el subte cuando mi pibe tiene hambre y yo soy su mamadera. No jodas, no soy yo, sos vos.

(Foto de portada: Eameo)