Los acordes van a ser muy tristes

Por estas horas asistimos a la autopsia mediática de Carlos Alberto Solari y de su alter ego: Indio. Cuando un editorialista de Clarín como Ricardo Roa baja a hacerse cargo del caso Solari y no los especialistas en espectáculos o policiales está clara la intencionalidad.

La tinta corre con datos construidos desde la opinión sobre la vida privada de Carlos Alberto. Descubrir a Solari hoy es ignorancia. TN lo descubre hoy y no en 2014 cuando le compraba los derechos sobre algunas canciones y las crónicas del show de otros medios ya hablaban de un sonido pobre y una infraestructura que no era acorde a la cantidad de público. Esa vez fueron 100 mil.

Pero corramos un poco al Indio de cuyo cuerpo se encargan otros medios. Lo que pasó el sábado nos desnuda a todos como sociedad, pero sobre todo a aquellos que tienen funciones públicas. Hay una realidad alarmante que tiene que ver con la falta de respuesta de la clase dirigente respecto a los eventos públicos masivos, ya sea un recital de rock, una Rave o un partido de fútbol. La solución para el fútbol fue que no haya hinchas visitantes -un parche que se convirtió en permanente-, y para los recitales hay un “dejar hacer” que es sorprendente. Y esto tiene que ver con que aquellos que se encargan de la seguridad sólo piensan en castigos, prohibiciones y elaborar protocolos para reprimir, pero no en pensar políticas públicas y menos en prevenir.

Hay una realidad alarmante que tiene que ver con la falta de respuesta de la clase dirigente respecto a los eventos públicos masivos, ya sea un recital de rock, una Rave o un partido de fútbol.

En agosto de 1969 se llevó a cabo el festival de Woodstock en Estados Unidos. Todos lo recuerdan porque fue un ícono del rock, del hippismo y el amor libre. 400 mil personas fueron a Woodstock -aunque 500 mil dicen que fueron-. Los organizadores esperaban 60 mil y la policía 6 mil, se vendieron solamente 186 mil entradas. Hubo 3 muertos: uno por sobredosis de heroína, uno por apendicitis y otro que fue arrollado por un tractor. Los vecinos se quejaron por los destrozos en, Bethel, el pueblo donde se hizo el festival que sólo tenía 2566 habitantes. Todo está documentado en la película.

Más tarde, en diciembre de ese mismo año, los Rolling Stones produjeron el Altamont Speedway Free Festival, al norte de California. Tocaron junto a otros artistas como Santana, Jefferson Airplane, The Flying Burrito Brothers y Crosby, Stills, Nash and Young. Los Stones venían teniendo problemas con su público y la policía. Algunos shows del American Tour, habían terminado con la gente arriba del escenario y altercados con heridos. Para ese festival decidieron dejar que los Hell Angel´s, un grupo de motoqueros californianos hagan un cordón de seguridad. El saldo fue de un apuñalado, un músico noqueado por un Hell Angel y tres muertes accidentales -dos por accidentes automovilísticos y un ahogado en un canal-.

El aprendizaje de estos dos eventos es que no se puede planear un recital en una ciudad no preparada y cuya capacidad multiplique ampliamente el número de habitantes al predio y que la seguridad y la logística no son temas que deban tomarse a la ligera.

En Argentina, por las dictaduras, el fenómeno de los festivales y recitales masivos son relativamente novedosos. Lamentablemente hay prácticas y usos que se han naturalizado y que se exponen de manera trágica ante los ojos de los medios pero que son sufridos por los espectadores en cualquier recital, todo se magnifica cuando el público se multiplica por centenas de miles.

No entender la composición demográfica y sociológica de los públicos es otro error que se comete en este tipo de espectáculos. En el tiempo que dura un recital se igualan clases sociales, conocimientos académicos, simpatías futbolísticas y políticas, en recitales o “misas” o “rituales” que tienen miles de hojas de investigaciones académicas, tesis y ensayos, y que es tan difícil de entender y explicar como tantos fenómenos culturales que surgen del seno de lo popular. Entender lo que Pablo Alabarces denomina “la cultura del aguante” ayuda a prevenir. Porque en un recital no sólo hay música, como en una cancha no sólo hay 22 tipos atrás de la pelota. En esos eventos hay desplazados sociales, hay gente que se va a desconectar de la realidad de mierda en la que vive, hay adictos, hay inconscientes… hay ciudadanos.