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Houellebecq, Macron, y el futuro de Europa

Por Gonzalo Fiore Viani

Abogado y Maestrando en Relaciones Internacionales

El francés Michel Houellebecq es una de las voces más importantes de la Europa moderna, esa Europa laica, progresista y adormecida de la que tan bien nos habla en todas sus novelas y entrevistas. Houellebecq nació en una isla francesa llamada Reunion que se encuentra muy cerca de Madagascar. Fue criado por su abuela comunista tras el abandono de sus padres hippies y se recibió de ingeniero agrónomo. Houellebecq abandonó su profesión tras el éxito arrollador de su primera novela publicada en 1994, Ampliación del campo de batalla, y sobre todo por la que le sigue y que muchos piensan que es su mejor novela –no me incluyo, pero ya volveremos a ello- Las partículas elementales, de 1998.

En el mundo de Houellebecq, en esa Europa del Siglo XXI que nos describe, Dios es una figura lejana, ausente, y no sabemos qué hacer con eso. En Sumisión –la que para mí sí es su mejor novela- describe una Francia en un futuro inquietantemente no muy lejano, en donde por primera vez los partidos políticos tradicionales no llegan al ballotage y los franceses deben elegir entre un líder de un frente musulmán y el Frente Nacional de Marine Le Pen. Como suele suceder, en el presente año la realidad se le adelantó a Michel con la última elección, donde Le Pen cayó derrotada frente a Emmanuel Macron. El nuevo presidente francés es un avezado alumno de Obama y fiel representante de esta generación de líderes jóvenes, cultos, refinados y siempre medidos en sus expresiones. Macron, como el premier canadiense Justin Trudeau, son de esa nueva generación de líderes que en los hechos no dicen ni hacen mucho pero que caen muy bien a cierto sector de la sociedad, generalmente blanco, progresista, de clase media y con títulos de posgrados.

Michel Houellebecq

Como sucedió en la realidad tras el anuncio del ballotage, en Sumisión todos los partidos políticos tradicionales franceses se unen al líder islámico, quien desde el vamos se declara pro-Unión Europea, para frenar la amenaza fascista del Frente Nacional. Y la cascara de la Europa laica que tanto detesta Houellebecq se termina de desmoronar. De todas maneras -y siempre según mi humilde entender-, Sumision no es una novela sobre los peligros del Islam sino una descripción más -acaso la más brillante y lucida- de los últimos años, de lo que se habla en todas las novelas del francés: la incomunicación social en la era de la comunicación, la desinformación constante en la era de la información, las insatisfacciones sexuales producto de esa incomunicación y exceso de estímulos exteriores, etc. La búsqueda de Dios en estímulos inmediatos, que una vez finalizados dejan al personaje aún más vacio de lo que estaba en el comienzo. Algo que no sucede con lo que podríamos llamar para simplificar “el mundo árabe”, con sus miles de millones de convencidos dispuestos a dar absolutamente todo por su causa, por lo que la batalla estaría perdida desde el vamos.

Los protagonistas de todas las novelas de Houellebecq suelen ser hombres de mediana edad, profesionales de clase media, algo deprimidos, obsesionados por el sexo o la falta de, y aplastados totalmente por la rutina. Todos estos, alter egos suyos que tranquilamente podrían ser una metáfora de esta sociedad que no se sabe muy bien hacia dónde va, pero que en el más optimista de los casos camina indefectiblemente hacía un quiebre definitivo con gran parte de lo que conocemos. Sociedades donde decenas de millones de puestos de trabajo quedarán totalmente inservibles, donde la brecha de desigualdad tanto socioeconómica como la del conocimiento, paradójicamente, será cada vez mayor y donde los extremismos de todo tipo y las brechas culturales entre occidente y oriente tienden a exacerbarse. Sobre todo, esto puede verse, en la medida en que las estructuras sociales no se modifiquen de alguna manera. Esto parece algo lejos de siquiera intentarse, ya que la única alternativa posible a extremismos como los de Trump o Le Pen, hoy parecen ser líderes a lo Macron. En esa dicotomía emerge la contradicción entre las élites urbanas y globalizadas, frente al ciudadano rural, obrero y desempleado, está cada día más latente y lejos de resolverse.

No tengo dudas de que leer con avidez las novelas de Michel Houellebecq -un escritor rockstar como no se daba desde los tiempos de Sartre-, un fenómeno que solo podría suceder en un lugar como Francia, probablemente sumen al pesimismo. Pero sin dudas ayudara al diagnostico.