Luis, el caníbal inmortal

En todos los rincones del mundo y en todas las épocas de nuestra historia como humanidad existen quienes marcan a fuego los espacios que les tocan habitar en suerte. Durante cerca de 45 años de trayectoria, Luis Alberto Spinetta fue cruzando fronteras, rompiendo límites y degenerando generaciones pre-formateadas para otra cosa. Su obra trasciende las estructuradas categorías que se imponen desde la crítica, la industria o la academia. Porque su música representa un todo creativo que, hasta el momento, no parece encontrar un espejo en la escena artística de nuestro país. Para afirmarlo hay que tener en cuenta algunos datos que no suelen ponerse al frente de las discusiones de ocasión, pero que están ahí en los discos y en las canciones.

Aquellos que tuvimos la suerte de ver a Spinetta en vivo mantendremos viva la imagen de tipo hiper respetuoso con su obra, con su público y con su manera de ver el mundo. También sabremos desmontar la imagen del semidios para reconocerlo humano, mundano y dicharachero, porque eso también se transparentaba en sus conciertos. Un buen lugar para entrar en esa parte de la historia podría ser el registro de aquella noche memorable a la que bautizó con el nombre de "Las bandas eternas" y la que durante ¡más de cinco horas y media! recorrió cuarenta años de trayectoria. Previo a eso ya había una historia riquísima en la que habían pasado los grupos Almendra, Pescado Rabioso, Invisibles, Spinetta Jade y Los Socios del Desierto. Se habían registrado 37 discos (seis de ellos en vivo), se habían musicalizado películas y obras de teatro. Había editado libros, ilustrado las tapas de sus discos, participado de tantos proyectos que no llegaron a editar oficialmente, grabado y compartido escenario con los músicos más importantes del país y el continente.

La obra de Spinetta, además de frondosa y prolífica es dueña de una creatividad extrema y en esa empresa se fue su vida. Para las generaciones que vendrán, su nombre quedará íntegramente ligado a la actividad que se dedicó a elevar en su paso por este mundo. El día del nacimiento de Luis, es en la Argentina el día del músico. Y así será por siempre. Quienes bufan no logran reconocer que en la obra spinettiana conviven tangos y haikus, zambas y ayahuasca, Atahualpa Yupanqui y Michel Foucault, el Dúo Salteño y The Beatles, por supuesto. Al respecto, siempre es válido recordar sus palabras luminosas (y cargadas de una furia joven que responde a aquel contexto social y personal) que aparecieron en el único número de la Revista Rolanroc, distribuida gratuitamente en la presentación del disco "Artaud" en Enero de 1974.

"Luego de haber caído tantas veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva en la que se cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos que pueden seguir conservando ese instinto.
DENUNCIO SIN EL LIMITE DE LA DENUNCIA
A LO QUE NO RECIBE DENUNCIA
A LO QUE LA DENUNCIA TRASPASA
A ALGO PEOR QUE LA DENUNCIA.

Denuncio a los representantes y productores en general, y los merodeadores de éstos sin excepción, por indefinición ideológica y especulación comercial.

Ya que estos no se diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de sus obreros.
O sea, por ser los engranajes de un pensamiento de liberación a quienes no les interesa que toda la pieza se mueva, dado que al producirse el más mínimo movimiento, serían los primeros en auto reprimirse y dejarían por tanto de participar en la cosa.

Denuncio a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no libres, a pesar de contar con el apoyo del público de mente libre.

Denuncio a otros grupos musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la música amplia y desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de otras músicas que son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear ni sentir.

Denuncio a los tildadores de lo extranjerizante, porque reprimen la información necesaria de músicas y actitudes creativas que se dan en otras partes del planeta, y porque consideran que los músicos argentinos no pueden identificarse con sentimientos hoy día universales.
Además es de prever que si estos señores desconocen que la Argentina provee a su música nuevos contenidos nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza de una creación local apenas florecida.

Denuncio a otras mentalidades por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por instintivo no puede morir antes de la vida misma.

Denuncio a las editoriales “fachas” por distribuir información falsa en sí misma, y por deformar la información verdadera para hacerla coincidir con las otras mentalidades a las que denuncio.

Denuncio a los participantes de toda forma de represión por represores y a la represión en sí por atañer a la destrucción de la especie.
Denuncio finalmente a mi yo enfermo por impedir que mi centro de energía esencial domine este lenguaje al punto que provoque una total transformación en mí y en quien se acerque a esto.

El rock, música dura, cambia y se modifica, en un instinto de transformación"

Luis Alberto Spinetta se fue de esta etapa de la existencia hace seis años. Trascendió las dimensiones mundanas y desde entonces sus canciones empezaron a sonar a otra cosa. Empezaron a tener ese dejo de melancolía profunda que apuesta al futuro que él siempre había intentado trasmitir a lo largo de toda su obra. Los pies en la tierra, la cabeza en conexión permanente con el universo y la mirada puesta en un horizonte en el que mañana es mejor. Ese es Luis. El más caníbal de todos los nuestros. El caníbal inmortal.

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