Las mujeres y los festivales de rock, la negación increíble

"Ay! ¿Cuánto más me vas a hacer pensar
en lo que ya hablamos?"
"Correte" - Marilina Bertoldi

La discusión en torno a la participación de las mujeres en los escenarios viene marcando a fuego la temporada de festivales en nuestro país. Cuando termine este verano y los balances miren hacia atrás, enero del 2019 arrojará un saldo que sólo aparecerá como positivo desde el plano de la manifestación pública de un reclamo que ya no se presenta como subterráneo sino que cruza transversalmente cada una de las discusiones que tienen a la música como eje articulador.

Entre los casos más resonantes aparece, sin lugar a dudas, el Festival Cosquín Rock.

La elección no resulta caprichosa, ni mucho menos, porque el propio encuentro se apoya sobre un universo que siempre se ha presentado rupturista, inclusivo y libertario. El rock, como elemento aglutinador de manifestaciones rebeldes por excelencia en el plano musical se obliga a sí mismo a cumplir una serie de actitudes que lejos están de dar la espalda a quienes se oponen al statu quo y proponen cambiarlo a través de acciones y gestos concretos. Más bien, todo lo contrario. No se puede, entonces, entender cómo el festival organizado en el Aeródromo de Santa María de Punilla termina por batir récords y convertirse en uno de los eventos masivos con menor participación femenina en escena en todo el continente.  En su grilla, apenas 23 mujeres aparecen entre los 116 números programados (19%). Vale aclarar que si el cálculo se aplicase sobre mujeres que se hacen cargo de las voces principales de un determinado set, el resultado se reduciría a tan solo 12. Una desgracia.

Jose Palazzo, el organizador del festival, repite en cada una de sus entrevistas que el rock es un género que ha construido públicos demasiado “cerrados”, “ortodoxos” y “conservadores”. Él mismo se reconoce entre ellos y hace gala de la virtuosa apertura que el festival experimenta al sumar entre sus ofertas a artistas de trap, freestyle y otros subgéneros urbanos. Cuando le preguntan por la mujeres comete el tremendo error de intentar dibujar la misoginia o el desconocimiento detrás del “merecimiento”. “Si yo tuviera que poner el 30%, tal vez no lo podría llenar con artistas talentosas y tendría que llenarlo por cumplir ese cupo. Esas artistas no estarían a la altura del festival y tendría que dejar afuera otro tipo de talentos” dijo hace unas semanas en una entrevista con el Diario Los Andes y el castillo de cristal se desmoronó.

En los últimos años, algunas de las bandas y solistas más celebradas por la crítica y el público son bandas que tienen a mujeres poniendo el cuerpo y la voz a cada una de esas experiencias. Los últimos dos discos de Marilina Bertoldi han sido elegidos como los más importantes del año en que aparecieron (Sexo con modelos en 2016 y Prender un fuego en 2018), lo mismo pasó con Los Rusos Hijos de Puta. Si con eso no alcanza, la banda Fémina es alabada por Iggy Pop, existe un festival llamado Festival Ahora que se nutre sólo de voces femeninas y hasta existe un sello que se llama Goza Records y que graba y edita exclusivamente a mujeres.

Es cierto que entre los festivales más importantes de la historia del rock argentino, la ausencia de mujeres es demasiado notoria. De hecho, revisando viejas grillas, la mirada atenta obliga a notar el silencio al que algunas artistas estuvieron condenadas a pesar su peso específico en cada una de las escenas que les tocó protagonizar. Repasar las grillas de B.A.Rock, del Festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda, de los festivales organizados por trasnacionales de las bebidas y la telefonía móvil o incluso las anteriores 18 ediciones de Cosquín Rock puede servir para dar cuenta del fenómeno. Incluso hubo ediciones en donde ninguna mujer pisó el escenario.

Si algo deberían hacer las nuevas generaciones a cargo de escribir la historia futura del rock argentino es romper con aquellas tradiciones negativas que cargan sobre sus espaldas para repensarse a partir de su propio tiempo. Mirar para atrás ya no debería ser más ni mandato ni una excusa. El momento se los exige. No hay tiempo de más.

Gabriela fue la primera mujer en actuar en un festival de rock en nuestro país. Fue en la tercera edición del Festival B.A.Rock (1973) acompañada por una banda compuesta en su totalidad por varones. Antes había participado en El Acusticazo y grabado el primer LP registrado por una artista mujer en la historia del Rock Argentino. Foto: Archivo
*Foto de portada: Los Rusos Hijos de Puta extraída de productoramutante.org