Archivo: la increíble historia de la madre espía de David Lebón

La tapa de la revista Pelo de febrero de 1988 mostraba a un Charly García posando detrás de una bufanda, con un elegante sombrero tipo vaquero. Adentro, el por entonces hombre del prolijo bigote bicolor detallaba contrastes entre la etapa de Parte de la religión y sus planes futuros que iban a pasar a la historia como los tiempos de aquella banda que llamó Los enfermeros.  Un anticipo de la cuarta edición del Chateau Rock y el repudio de Richard Page, cantante de una banda llamada Mr. Mister, a la dictadura de Augusto Pinochet en el Festival de Viña del Mar, aparecen como detalles en la edición que también da cuenta de la aparición de los discos Darklands, de The Jesus And Mary Chain, y No Nuclear War, de Peter Tosh.  

Revista Pelo

"La vida de David" se titulaba la nota que, con muy buen tino, se daba una vuelta por la carrera personal del músico. El Lebón humano y su relación con la música.

Como es historia conocida, David nació en Buenos Aires en 1952. De muy pequeño, se fue a vivir a los Estados Unidos y allí mamó toda la formación musical que comenzó a plasmar cuando regresó al país a finales de los agitados sesenta. Pero ese reportaje, desde el comienzo, trae consigo una historia apasionante, quizás en segundo plano en la idea original de la nota: la historia de Alexandra, la madre de David Lebón.

“Mi vieja es china. No china con los ojos así. Nació en China” dice el músico al introducir a la protagonista que se llevará la mayor atención de la conversación. Sus abuelos eran rusos, habían llegado a China escapando de la revolución bolchevique y la pequeña Alexandra había nacido accidentalmente en ese país, algo que también iba a terminar alimentando la épica historia de su vida.

Según cuenta Lebón, antes de casarse con Manolo su madre “se fue a Londres y se enamoró de un piloto inglés. El mismo día que se casaron, el tipo se fue a hacer un vuelo de reconocimiento y lo bajaron”. Eran tiempos de la segunda guerra mundial y, a partir de ese momento, Alexandra “se hizo aliada. Paracaidista. Fue espía en la Segunda Guerra Mundial” continuó ante, suponemos, la asombrada mirada de Nora Fisch, la periodista a cargo de la entrevista.

“En el último salto que iba a dar, cayó justo en medio de un campo de concentración. La agarraron, la torturaron, le hicieron de todo. Entonces, para no pasar frío (era invierno, nevaba) ni hambre, mi vieja, acostumbrada a eso, le daba un par de besos a un tipo, de bronca, de resentida y a cambio le daban heroína para pasar el frío. A todo ésto, los que estaban encerrados le decían que era una vendida. Y mi vieja se cagaba de risa de los nazis y de los demás: hacía la suya. Cuando a pocos meses vinieron los aliados, mi vieja agarró un revolver y mató a los tres o cuatro que la habían torturado” contaba el tipo que en los tiempos de la entrevista ya había formado parte de algunos de los grupos más importantes del Rock Argentino como Serú Girán, Pappo´s Blues, Color Humano, Pescado Rabioso y Polifemo.

Después de la guerra, Alexandra se fue a Buenos Aires, donde conoció a Manolo.  “Fue el tipo de quien más se enamoró en su vida” dice David. Años después, el músico le dijo a Clarín: "Manolo Lebón no era muy fiel con mi vieja. Le gustaban los caballos, el Maipo, los relojes de oro, el boxeo. El día que murió estábamos mi hermana Mabel y yo con él en un departamento que compartía con su amante Sarita y en la radio anunciaron que su percherón había ganado. A los 10 minutos le dio un derrame cerebral y como parece que sintió miedo de irse me agarró la mano muy fuerte. Yo tenía 8 años y lo entendí todo sin reaccionar. No reaccioné hasta que un día, a los 12, me sequé la cara con una toalla que todavía tenía su olor."

El instante en que Manolo muere fue clave en el devenir de la vida del pequeño David. El impacto ocasionado por el acontecimiento desembocó en la recomendación médica para irse a vivir “al campo o a Miami, que era un clima estable”.

La historia continuó desarrollándose cual guión de película.

“Como mi vieja es china, estuvimos tres días en migraciones, no la dejaban entrar. Ella era una mina tan peleadora que les propuso lo siguiente: "Bueno, yo enseño paracaidismo para los tipos que van a Vietman y listo". Y consiguió laburo haciendo eso. Yo, por ejemplo, llegaba los sábados del colegio, de jugar al basquet y había quince monos disfrazados de fajina y mi vieja explicándoles, que la guerra que pi, pi, pi. Entonces un día me rayé y le dije: "Vieja ¿no tuviste bastante guerra en tu vida? ¿Vas a mandar a estos pibes a la guerra también?" Y se hizo manicurista. Le hace las uñas a los viejos en los pies. Ahora vive adentro de una botella de J.B. Pero está bien. El "drink" le dice ella. Una vez vino a Buenos Aires a visitarme y, como le daba vergüenza pedir whisky en el avión, vació una botella de shampoo y la llenó de whisky. La fuimos a buscar a Ezeiza y apenas se sentó en el auto me dijo: "Toma nene, ¿querés un "drink"? Y era un asco, tenía espuma y estaba todo caliente!. "Vamos a los carritos de la costanera" dijo. Cuando ella vivía acá, todavía eran carritos de verdad y los bifes de lomo eran gigantes. Escucha esto, pidió un bife de lomo y le trajeron uno chiquito ¿sabés lo que hizo mi vieja? Se volvió al aeropuerto y se fue ese mismo día. "Argentina ya no es la misma" dijo. Agarró su botella de shampoo y se fue. Hace ocho años que no la veo. Ella está ahí con sus flores de plástico, su spray para el pelo y sus dos televisores a color. En el placard tiene guardados recortes de diarios y medallas. Fue una especie de héroe”.

La historia que siguió es conocida y tiene al Lebón que todos conocemos como protagonista. Su madre lo trajo nuevamente a Buenos Aires ante la decisión del ya joven músico para afrontar una vida relacionada con el universo de la expresión artística. David se instaló y comenzó a ser parte de la historia grande de la música popular argentina. Para la época de la entrevista, ya tenía ocho discos solistas en las bateas. Hoy, ese número se duplica.