La palabra bitácora tiene su origen en el vocablo francés antiguo “bitacle” que significa “casa pequeña” y este término deriva del latín “habitaculum” que tiene el mismo significado.

Ahora bien, el “bitacle» era un armario que se encontraba en la cubierta de los barcos en el medioevo y en el cual se guardaba la brújula, el cuaderno de navegación y algunos otros instrumentos.

La palabra “bitácora” se incorpora al idioma español en el siglo XVI y hacía referencia al armario que menciono anteriormente.

Hoy usamos esta palabra en diferentes contextos en referencia a cualquier registro escrito de sucesos, desde la navegación, pasando por la informática o la investigación científica, así como la vida personal.

Mi pequeña casa

A partir de este momento esta es mi bitácora donde voy a escribir aleatoriamente y a discreción sobre determinados tópicos para mi imprescindibles, interesantes, y esto lo voy a decidir de manera absolutamente arbitraria.

Los libros, las letras, los escritos fueron y son refugio de mi agitada cabeza, es donde me permito soñar, viajar y conocer nuevos mundos.

Desde hace algunos años en mis archivos hay una carpeta que lleva el nombre de bitácora que contiene desde cartas que nunca mandé hasta garabatos que pretenden ser relatos o cuentos que algún día pretendo ordenar y publicar… o no.

Cuando cambia el año y siento la necesidad de escribir, abro esa carpeta, repaso alguno de los textos, los ordeno, los descarto y los que sobreviven pasan a una nueva subcarpeta que por todo título tiene el año de gestación.