La música es una de las producciones culturales más importantes de los pueblos. Sintetiza visiones del mundo y refiere a temas profundamente humanos como el amor, la vida, la muerte, la guerra, la patria, la desigualdad, entre otros. Por lo tanto, es un recurso muy importante para entender dinámicas sociales.

Priscilla Carballo Villagra
Es Doctora en Estudios de la Sociedad y la Cultura y Máster en Sociología, ambas por la Universidad de Costa Rica. Es investigadora en el Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo de la Universidad Estatal a Distancia y del Instituto de Investigaciones en Artes de la Universidad de Costa Rica. Tiene 20 años de investigación en temas de músicas populares y es autora de los libros “Aproximaciones a la historia del rock en Costa Rica en 1970 y 1980” (2017) y “Tiempo de vinilos: la construcción de imaginarios en la producción discográfica en Costa Rica 1963-1986” (2026). También fue editora de un libro sobre la historia del rock en la región titulado “Rock en contexto: el inicio del rock en Centroamérica en 1970 y 1980” (2022).
Esta forma de arte es un gran activador de memoria a nivel individual pues basta con escuchar una canción para recordar un periodo de nuestra vida. Pero también para que nos invada un sentimiento colectivo que puede suceder al escuchar un himno, un canto político, o bien un cántico de fútbol. De manera que cuando estamos hablando de la música nos referimos a un importante cohesionador social.
Esta capacidad convocante se basa en que la música sintetiza las visiones del mundo de sectores sociales concretos. Existen músicas que refieren a diferentes perspectivas políticas, diferentes visiones del mundo, diferentes generaciones o diferentes contextos geográficos. Justamente por eso hay que resguardarlas ya que nos recuerdan lo diversos y plurales que somos como sociedades.
La música popular, memoria de los pueblos
Debemos recordar que durante muchos años la música servía para contar historias y este elemento sigue presente el día de hoy. Nos sigue acompañando en ritos, ceremonias, festividades, desde las canciones de cuna hasta los cantos fúnebres. Está en el inicio y el fin de nuestro tránsito individual y colectivo.
Al pensar en resguardar las diversas formas de música que existen, se debe tener presente que el tema de qué se recuerda y qué se olvida en una sociedad es profundamente político, ya que es producto de la disputa entre diferentes sectores. Muchas veces en América Latina existieron intenciones concretas de borrar ciertas prácticas culturales de grupos específicos, basado en visiones coloniales, patriarcales, homofóbicas, racistas y clasistas.
En muchos casos se dio prioridad a las músicas llamadas clásicas o académicas poniendo en segundo lugar a las músicas populares. Sin embargo, se debe recordar que estas músicas populares representan los sentires y visiones del mundo de grandes sectores de la población y por tanto deben tener un lugar en los espacios de la memoria.
Muchas veces en las bibliotecas y fonotecas se priorizó esta música académica y se privilegió el resguardo de una forma de registro: la partitura. En ese sentido no hay olvidar que en las músicas latinoamericanas las personas artistas de sectores populares no tenían formación académica, por lo que la principal forma de registro eran las grabaciones, de manera que los discos y cassettes registros muy importantes pues contienen parte de ese saber.
Coleccionistas, resguardo y preservación
En algunos países, quienes preservan muchas de las grabaciones de las músicas populares son las personas coleccionistas. Ellos y ellas resguardan patrimonio sonoro que no está presente en otros lugares porque muchas veces esta música ni siquiera suena en la radio, y las tecnologías que se generan a partir de los algoritmos no priorizan mostrarlas.
A partir de un trabajo casi detectivesco, estas personas coleccionistas de discos buscan en pequeños anticuarios, viejas tiendas o casas particulares. También contactan a personas investigadoras, se encuentran con viejos músicos, hablan con personas de la radio y poco a poco van completando pequeñas series de discos que les permiten tratar de entender la historia de nuestras músicas populares.
El coleccionismo es una forma maravillosa de hacer renacer a los objetos poniéndolos a salvo de la necesidad de ser útiles y dándoles un significado mucho más profundo y complejo. En este caso los discos cobran sentido como memoria, como patrimonio de una historia social contada desde los bares, los salones de baile y los barrios en los que se bailó, se lloró y se gozó la música.
Coleccionistas como agentes culturales
De esta manera, el papel de las personas coleccionistas como agentes culturales es fundamental ya que guardan patrimonio sonoro que no existe em otras instancias, pero además porque muchas veces realizan actividades de divulgación de su patrimonio. En algunos casos tienen programas de radio y podcasts o pinchan discos en bares y actividades sociales poniendo en valor este patrimonio sonoro.
Por lo tanto, el trabajo que realizan es una forma de resistencia cultural contra los algoritmos que de manera masiva nos imponen sólo ciertas sonoridades. Porque ellos y ellas siguen buscando en los sonidos del pasado respuestas para pensarnos como sociedad en el presente.
