En estos treinta años de ejercer el oficio del periodismo, vi pasar de todo: modas que prometían ser eternas, formatos que juraban revolucionarlo todo y tecnologías que aseguraban reemplazar el alma humana.
Sin embargo hoy, mientras el mundo parece empeñado en perderse en laberintos de conflictos que nos duelen a todos, surge algo que me hace vibrar de manera diferente.
«Die with a Smile» se lanzó en 2024, barrió con los premios en 2025 y todavía suena en bucle en mis auriculares, pero no me alcanza con la explicación del marketing o los números de Spotify. En estos días donde mi propio ánimo circula por estadíos de cierta melanco-bronca-tristeza ante la realidad, esta canción se siente menos como un «hit» y más como un refugio de honestidad.
La política del «like» y la urgencia de lo real
A veces me encuentro mirando con nostalgia la rebeldía de otras épocas. Hoy que hay rituales nuevos, como el Último Primer Día, donde la trasnochada parece más monitoreada que vivida, a veces quisiera ver ese «quilombo» transformador que pidió Francisco.
Si bien entiendo que cada generación hace lo que puede con lo que tiene, lo que realmente me crispa no es la juventud buscando su lugar sino la frialdad de quienes gestionan el mundo como si fuera un feed de Instagram. Líderes que parecen más preocupados por el encuadre de una selfie que por la realidad de quienes pasan hambre.
Como comunicadora repito como un mantra la frase «todo comunica» (prueben hacerlo, es esclarecedor), y hoy la comunicación política se convirtió en un espejo deformante: mucha vanidad y poco abrazo.
Por eso, cuando Bruno y Gaga aparecen con una letra tan simple como revolucionaria —diciendo que si el mundo se termina, lo único que vale es estar al lado de quien amamos—, la canción se convierte en un manifiesto de resistencia desde el amor.
Música con latido (y sin algoritmos)
Para escribir esto volví a la canción una y otra vez. La canté a los alaridos (en mi inglés un poco torpe, lo confieso) y sentí que es de esas baladas que te golpean el pecho. Tiene ese perfume a los amores del Siglo XX, los que se sentían en el cuerpo.
Sus voces se enredan con una belleza que ninguna Inteligencia Artificial podría replicar. A la IA le falta el sudor, el desgarro y ese privilegio puramente humano de llorar por amor. Y qué decir de esa guitarra eléctrica… me emociona verla ahí, en el centro, junto al piano, desafiando los «cánones» que decían que las guitarras ya no vendían.
Nada suena tan moderno como lo que es auténticamente humano.
El último abrazo como bandera
«Die with a Smile» es una canción para este tiempo de incertidumbre. Es el recordatorio de que, si el horizonte se ve nublado en los titulares, lo que realmente importa es a quién tenemos de la mano.
En un mundo que a veces parece olvidar el afecto en pos de un filtro de belleza, yo elijo quedarme con la estridencia de esa guitarra y la urgencia de un abrazo a viva voz.
Al final del día, la política más efectiva y la selfie más hermosa son las que no necesitan filtros porque las estamos viviendo con el corazón abierto.
Maruchi Periodista. En busca de la verdad (o al menos de una buena canción que nos salve).
- La imagen de portada fue generada por Gemini después de leer esta nota y corregida en reiteradas oportunidades porque como saben quienes trabajaron conmigo a la primera no sale nada. Ni Gemini está exenta de correcciones.

