En la mañana del 27 de diciembre de 2023 recibimos la noticia en el grupo de COMUNA. María Seoane no está más con nosotros. El aire se pone denso, la boca se seca y de pronto hay que gestionar esta ausencia que pega y duele, que no se cree, no se asume y nos resulta insoportable. Es la una de la madrugada del 28 de diciembre y recién puedo sentarme a intentar un hasta luego, porque para mí, María, vas a seguir por aquí, bien cerquita nuestro.

Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira. Eduardo Galeano – Memorias del fuego

Trabajar con María Seoane fue una experiencia inolvidable, una montaña rusa y ruda de trabajo, risas y aprendizaje permanente. María no solo hablaba. Escuchaba, discutía, debatía y bancaba fuerte.

Discutimos creo que los cinco años consecutivos que nos tocó ser directoras, ella de Buenos Aires y yo de Córdoba, y creo que por el resto de mi vida diré orgullosamente que fui contemporánea de María.

Ella llega a mi vida con La noche de los lápices en versión cine y acto seguido pasé al libro, y ahora que lo pienso mientras ensayo estas palabras, en una de esas, algo habrá tenido que ver con mi elección de carrera o no (en otro momento les cuento la versión oficial de cómo llegué a estudiar periodismo).

Posteriormente leo el Todo o nada: La historia secreta y la historia pública del jefe guerrillero Mario Roberto Santucho donde despliega su arte que nos deslumbra con su prosa, nos sorprende con la rigurosidad con la que trata al personaje y nos interpela como periodistas. Este es un libro ineludible para quienes ostentamos o intentamos el camino del oficio periodístico. Y para adelante y para atrás así fue siempre.

Es un periodismo siglo XX, ese que nos apasiona a los que empezamos con la Olivetti y que la asepsia del smartphone nos suena a poco. María nos contagiaba eso y su legado incluye una película animada, libros que te interpelan, la necesidad de entender los complejos procesos políticos de nuestra patria, un centro cultural, una publicación de lujo, una organización de comunicadores en todo el país y mucho más.

Quienes tuvimos la enorme fortuna de conocerla nos quedamos con un nutrido anecdotario, enseñanzas que conservaremos e intentaremos transmitir y la enorme obligación de honrarla. Periodista de raza, siempre mirando más allá, hacedora de cultura, enorme pensadora.

En el año 2016, ya ambas fuera de la gestión, conversamos sobre aquellos años y le agradecí la posibilidad de decir «no», porque a los jefes no les gusta que les digan no, pero María no era una jefa estandar, era una compañera directora y como tal nos escuchaba decir no. Eso sí, había que bancarse la vuelta.

Ahora bien, sin importar lo que sucediera o cuanto hubiéramos discutido, el 22 de diciembre llamaba puntualmente para saludarme por mi cumpleaños y cada 25 de enero, yo hacía lo mismo y recibía una estruendosa carcajada por saludo a la que agregaba «nobleza obliga, p3ndej4!».

Nos quedaron pendientes las empanadas para su freezer, un reencuentro de todos los directores (MC) un dia de la radio, cosas que la pandemia y los avatares de la vida nos hicieron posponer, porque además pensamos que teníamos todo el tiempo del mundo, ya que con las amigas una tiende a fantasear con la eternidad.

No te despido porque tus palabras viven en mi, porque tu obra sigue en mi estantería, voy a extrañar los libros que no publicaste, tu risa y tus análisis certeros.